050 El enigma de los calentones

Al iniciar el año comenzó a hacer tanto frío que pensé que sería buena idea sacar el calentador para mi habitación. Me agradan poco porque crean un ambiente muy confortable pero luego al salir pueden ser poco beneficiosos por los cambios de clima, sin embargo, decidí que hacía tanto frío que si evitaba los cambios de clima todo estaría bien.

Lo busqué por todos los lugares que creía que pudiera estar. Luego después de cierto tiempo sabía que como siempre ando regalando cosas que poco uso de seguro lo habría regalado. Aunque recordaba que el año pasado le dije a la señora que nos ayuda en la casa que se lo podía llevar. Sabía que a ella le podría servir más que a mí. No es que estuviera arrepentido pero una parte de mi en ese momento deseaba haberlo conservado.

Habiendo asumido eso decidí salir a buscar por toda la ciudad un calentador. Por más supermercados que visité en ninguno encontré uno solo. Era un domingo por la noche todo estaba cerrado o estaban cerrando, ya eran más de las 10 de la noche cuando decidí tomar esa decisión. Pensé que pasar una noche con un poco frío todo estaría bien, así que me arropé bien y a pasar la noche.

En la mañana siguiente con tanto trabajo lo olvidé. Aunque le pedí a un amigo que me indicara si conocía de algún lugar, lo hizo, me indicó los lugares donde los vendían pero los precios eran exhorbitantes o era mi percepción de que yo los recordaba muy económicos. En fin, seguí con la dinámica de mi trabajo normal. Más tarde me manda varios mensajes donde me indica que había encontrado más y de nuevo, los precios eran muy elevados.

Cuando veo a Mamá Elvia [la señora que me cuida y ayuda en mi casa] por la tarde del día siguiente y me comenta que la estaba pasando muy mal con un pequeño calentador le digo, pero porqué si se llevó uno muy bueno el año pasado. Me indica que por alguna circunstancia no se lo había llevado así que estaría en el mismo lugar donde lo dejó. Le pedí de favor me indicara el lugar y en efecto estaba ahí ese calentador que le había regalado y otro más, el que yo había usado en otra época.

Le regalé uno y me quedé con el que había usado, me sentí muy dichoso porque ahora todo cobraba sentido. En ninguna tienda que fui había, porque en mi casa tenía y hasta dos. La vida sabía perfectamente que no tenía que gastar por eso acomodó todo para que buscara y encontrara mi calentador, que siempre estuvo cerca pero yo lo desconocía. Eso resolvió sin problemas el enigma de los calentones.

Me deja dos enseñanzas este milagro cotidiano, la primera es que cuando buscas algo y no lo encuentras es porque de seguro ya lo tienes, está enfrente de tu nariz y ni siquiera cuenta te das, revisa bien y lo tendrás. Todo lo que necesitas para ser feliz lo tienes, solo que debes de revisar correctamente. Además el que no lo encuentres para nada significa que es algo malo, de seguro eso pasa porque te está dando una señal de que debes cambiar.

Y el otro aprendizaje que obtuve fue que cuando algo te cuesta demasiado trabajo lo único que tienes que hacer es pedir ayuda. A veces con sólo hacer una pequeña pregunta alguien podrá ayudarte. Siempre hay gente más grande y sabia que tú, que con sólo que les formules una pregunta, ellos resolverán tus dudas o inquietudes, como en este caso, una simple pregunta resolvió el enigma del calentador, sin necesidad de erogar un centavo y además pude regalar el otro en el momento propicio.

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