345 El momento de partir

Ese domingo mi padre hablaba poco, sabía que se estaba despidiendo, todos lo sabíamos pero nos costaba trabajo aceptarlo, en mi caso, era un poco distinto, viviendo tantas veces situaciones similares de despedida, donde toda la familia se reunía, todos nos despedíamos de él y nos daba la sorpresa de que “siempre no”, era muy gratificante. En esta ocasión ya sabía que el camino estaba trazado y sin retorno.

Su cuerpo le indicaba que era el momento de partir pero su voluntad se resistía, esa tarde después de comer, por algunos unos instantes estuvo bien y de pronto se vomitó sobre la cama, lo bueno es que yo estaba ahí con él, aunque no me hablaba me indicaba que lo ayudara, lo hice así, le pedí de favor que él me ayudara a levantarse, que lo sostendría como siempre, él se impulsaría para levantarlo y pasarlo a la silla de ruedas. Lo hizo sin problema alguno.

Mientras cambiaba las sábanas, recuerdo mis palabras claramente, papá, está en un lugar que tiene mucho amor, así que evite preocuparse, en este momento limpio todo y nada ha pasado, tiene muchas bendiciones de la vida y una de ellas es que está en su casa y con mucho amor. Sabía que aunque permaneciera en silencio me escuchaba, así que yo seguía cambiando sábanas, cobijas, a él y en sí, dejar todo limpio.

Cuando hube terminado le pedí que me ayudara otra vez para regresarlo a su cama, se negó sin expresarlo, simplemente hacía caso omiso a cualquier instrucción que yo le indicara, lo abracé y le dije, por favor ayúdeme, es muy fácil. Le tomé sus brazos, me los puse sobre los hombros, intenté levantarlo y sus brazos caían, me reí un poco con él y le dije que aunque me hiciera berrinches lo iba a cambiar, seguía sin inmutarse.

Después de intentar un rato, le dije, muy bien, sino quiere estar en su cama me lo llevaré a mi cuarto, ahí me hará compañía mientras avanzo un poco con los pendientes de mi trabajo, de esta forma le platico cosas y usted me escucha. Así fue, puse su silla de ruedas a un lado de mi cama, mientras yo estaba sentado ahí con la computadora, él permanecía tranquilo, parecía muy cansado, su respiración era lenta pero constante.

Mientras escribía unos correos, le platicaba sobre mi trabajo y lo que hacía, de pronto, escuché su respiración un poco irregular y luego se detuvo. Su partida fue serena, tranquila y con mucha paz, le dije, ¿usted sabe que tiene mucho amor verdad?.

Por Elisabeth Kübler-Ross he sabido que cuando las personas están falleciendo necesitan sentirse protegidas, tienen mucho miedo a “cruzar el umbral” una de sus principales preocupaciones es sentirse acompañadas y amadas. Me da mucho gusto que las últimas palabras que mi padre haya escuchado fueran precisamente esas, es decir, que estaba rodeado de mucho amor.

Años más tarde y cuando cuento esta anécdota a personas cercanas me resulta difícil el mantenerme sin llorar, tal como en este momento, pero como siempre digo, son lágrimas de felicidad, porque sé que lo últimos días de su vida mientras vivimos juntos me encargué de hacerlo reír, enojarse a veces (lo admito, era nuestro juego) pero también hacerlo sentirse muy amado, recuerdo escuchar decenas de veces las mismas historias que a él le gustaba tanto recordar y más cuando le preguntaba lo mismo, una y otra vez.

Me siento dichoso de haber podido convivir durante tantos años, si lo extraño, pero también sé que ha ido a un lugar mejor, y al mismo tiempo, sigue estando conmigo, porque gracias a estos recuerdos es que él está aquí, mientras lo siga recordando sé que vivirá. Su paso por el mundo fue grandioso y yo soy prueba de ello.

Hoy quiero compartirte esta historia porque sé que tu también estás pasando por una situación de pérdida y nada puedo decir para aliviar tu dolor, pero si en algo puede ayudarte mi historia, para que entiendas que todos pasamos por situaciones similares y que entendemos lo que sientes y piensas, si en algo puedo ayudarte, aquí estoy, y como me dijo una muy buena amiga, si deseas que solo esté sin hablar ni hacer nada, sólo estar, sólo tienes que pedirlo y ahí estaré, tal como lo estoy en este momento.

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