361 ¿Qué regalaste?

¿Que te amaneció? Eran las palabras que le preguntaba a mis amigos cuando era niño, después, fui creciendo y cambiaron a ¿qué te regalaron?, era lo común, aunque un día alguien una vez me preguntó, ¿qué regalaste? En esa ocasión me quedé mudo por unos momentos, estar acostumbrado a decir lo que recibo, pero ahora me preguntaban por lo que yo había dado.

Regularmente hablamos de todo lo maravilloso o desagradable que fue haber recibido nuestros regalos, seguido nos pasa algo similar, con vergüenza recuerdo haber “regresado” regalos porque no me gustaban o haber hecho comentarios acerca de que yo esperaba otra cosa. Ahora que entiendo lo maravilloso que es el dar, jamás desdeñaré ningún tipo de regalo, ya que la persona que lo entregó lo hizo de corazón y eso merece un reconocimiento especial.

Ahora que entiendo lo importante de la pregunta, ¿tu que regalaste?, me queda claro que jamás debo cuestionar lo que se recibe, y más allá de eso es, ¿qué estoy dando yo?, ¿qué estoy haciendo hoy para generar una diferencia positiva en mi entorno?, porque definitivamente lo que damos es lo que recibimos.

Eso me hace pensar en lo que hace unos días vi en la calle, mientras estaba esperando en un semáforo, vi mucha gente pidiendo dinero. En estas fechas se incrementa el número de personas que vienen de otras ciudades o estados. Un señor de aproximadamente unos 50 años se acercó y me dijo, por favor, ayúdeme con algo en esta Navidad, le dije que en otra ocasión, como regularmente hago, el señor con desdén me dijo, que injusticia y siguió su camino. Me puse a pensar en ello y dije, tiene razón, qué injusticia.

Realmente me pareció muy injusto que estuviera pidiendo dinero en la calle, cuando aunque sus piernas podían fallarle, pero con sus manos y brazos fuertes que lo cargaban pudiera realizar algún oficio, o bien, poder contar al mundo de sus andanzas, vivencias y experiencias, poder apoyar con su consejo a tantos jóvenes que necesitan ese apoyo, lo confirmé, qué injusto.

Y lo sigo pensando, es injusto, queremos recibir mucho de los demás sin saber que lo que tenemos es lo que estamos otorgando. Me siento bendecido, tengo brazos, manos, piernas, pies, ojos, nariz, en si todo mi cuerpo es funcional y hermoso, se me ha concedido la gracia de vivir en este mundo, conocer personas maravillosas y aprender muchas cosas. Me siento muy feliz por ello y por tantas bendiciones otorgadas.

Lo que resta de este año y los subsecuentes haré lo posible y lo imposible por dar más de mí a los demás, si ellos lo aceptan o no, es su pensamiento, lo importante es dar, si los demás actúan en consecuencia y realizan lo mismo será genial, pero si deciden desdeñar mis esfuerzos, es lo de menos. Si los demás quieren tomarlo y dar nada a cambio, está bien, eso indica que lo necesitan y para eso estaré. Lo importante es lo que yo puedo ofrecer y no lo que los demás piensen o hagan al respecto.

Me propongo erradicar la injusticia de mi vida, así como ese señor en la calle me enseñó acerca de la injusticia, considero prudente eliminarla de mi vida, y la forma más sencilla es dando lo mejor de mí, de esa manera jamás me sentiré arrepentido de lo que haga, porque siempre sabré que lo que dé será lo mejor que pude haber hecho. Jamás sentirme injustamente tratado porque como siempre, todo depende de mí.

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